Este proyecto de obra nueva partía de un espacio completamente neutro.
Un lienzo en blanco con todo por definir.
Ahí es donde empieza lo interesante: cuando cada decisión tiene la capacidad de dar carácter, ritmo y sentido al conjunto.
Un dormitorio pensado para quedarse
En el dormitorio buscamos algo más que estética: crear un espacio que invite a parar.
El papel pintado marca la atmósfera desde el primer momento, envolviendo el espacio y aportando calidez.
La iluminación, con un plafón diseñado a medida, acompaña sin imponerse, reforzando esa sensación de calma.
Los textiles terminan de construir el ambiente, mientras que el mobiliario a medida resuelve el almacenaje de forma discreta, integrándose en el conjunto.
Nada sobra, nada falta.
Todo está pensado para que el espacio se sienta acogedor y funcional a la vez.
Un baño con carácter propio
El baño principal rompe con lo esperado.
Aquí el papel pintado se convierte en protagonista, aportando un punto más atrevido y personal.
Se combina con mobiliario en laca color vino, trabajado con un rayado que introduce textura y profundidad.
El resultado es un espacio diferente, con identidad, que se aleja de soluciones estándar y aporta un carácter muy definido al conjunto del proyecto.
La importancia de la primera impresión
La entrada no se resuelve como un espacio de paso, sino como una declaración de intenciones.
En lugar de una pieza decorativa convencional, diseñamos un mural de inspiración oriental enmarcado con molduras, integrándolo en la arquitectura del espacio.
Una forma de dar la bienvenida con intención.
De anticipar lo que viene después.
Un conjunto con sentido
Este proyecto demuestra cómo, incluso partiendo de una vivienda de obra nueva, es posible construir espacios con identidad, coherencia y personalidad.
Porque cuando el diseño se trabaja desde el detalle, el resultado no solo se ve.